Creí que había reservas en el presidente. Una línea consistente de acciones deja claro que tenemos un hombre ya predecible, aburrido y agotado. Los anuncios de sus discursos no convocan ni provocan como antes; es más, a veces enconan.
Se evaporó en el presidente aquello que las mujeres llaman el “misterio” de los hombres atractivos; esa magia ignota para prender la sensibilidad femenina con detalles insospechados.
Su fuerza persuasiva era la genialidad discursiva y ya el mundo descubrió su técnica: acopiar tips esnobistas extraídos de rápidas lecturas a catálogos best seller y a Wikipedia. Un lenguaje académico, a veces gastado y repetitivo, de pobre expresión en la cotidianidad que nos lacera. Nos cansamos de un presidente más informado que comprometido.
Leonel dejó de ser esperanza y ahora es realidad; con más proximidad al pasado renegado que al futuro prometido. Perdió frescura y capacidad para sorprendernos. Ahora pocos le creen al presidente; y no es para menos, sus palabras son religiosamente contradichas por sus ejecutorias. Entender al presidente significa esperar lo contrario de lo que dice, vieja práctica caudillista, que en nada corresponde a la imagen vendida.
El mandatario encantaba; ahora es él quien debe y tiene que reconquistar. Para hacerlo precisa sorprender, pero ya no con el vértigo de sus encantamientos verbales, sino con golpes de acciones contundentes que dejen claro que todavía hay en reserva compromiso y carácter. Los escenarios y las oportunidades para hacerlo le sobran, basta recordarle algunos: destituir y abrir una investigación a la alta oficialidad de la Marina de Guerra, porque a nadie le convence que todo el escándalo de Paya fuese obra de subalternos; reducir un cuarenta por ciento de la nómina pública y consular; revocar los decretos de los recientes indultos políticos; promover una nueva ley que modifique la estructura de fiscalización de las cuentas públicas para que exista una nueva Cámara de Cuentas verdaderamente autónoma, calificada y técnica; declarar de urgencia los proyectos de reforma policial y de creación de un fiscal especial anticorrupción con un estatuto normativo, funcional y presupuestario autónomo; convocar al Comité Central de su partido para lanzar una histórica y verdadera propuesta ética de la gestión pública que no la ahogue la retórica; quebrar el modelo tradicional de diálogo y concertación social, promoviendo mecanismos más creativos de participación y consulta, excluyendo los agotados modelos arbitrales verticales y de sotana. Esas son apenas algunas flores para motivar un nuevo encantamiento popular.
El pueblo es como el matrimonio: cuando el trance romántico cede al de la costumbre, las palabras molestan y los hechos encienden. Nos está cansando la rutina, señor presidente, y cuando eso sucede el asedio de los amantes nos provoca al pecado social. No nos deje caer en tentación y líbrenos del mal.
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