El planeta está envuelto en una nebulosa cada vez más espesa. La volatilidad de los precios del petróleo, la agudización de la crisis alimentaria, los efectos del calentamiento, el crecimiento de las tensiones políticas, la recesión de la primera economía del mundo y la amenaza nuclear latente, nos colocan a las puertas de un momento histórico muy especial. Ya algunos futurólogos hablan del inicio de la era apocalíptica.
Nuestra economía se hace cada vez más vulnerable al impacto de los cambios y las presiones mundiales. Tardíamente nos dimos cuenta de los cruciales niveles de dependencia de los mercados internacionales. Hoy resulta cada vez más difícil aminorar los estragos y contingencias de la economía global. Como siempre, el mundo nos ha sorprendido indefensos.
Mientras eso sucede, el país marcha en “su normalidad” sin conciencia sobre la magnitud de este cuadro. La sociedad política agota su vida en palabrerías anodinas mientras el mundo se nos viene encima. La actitud de la oposición es culpar al gobierno de todo para provocar su rápido desgaste y derivar posicionamientos electorales perdidos. El gobierno, por su parte, no trasmite más que señales de preocupación sin propuestas concretas.
Es tiempo de que iniciemos una verdadera y creativa concertación social. No un diálogo de cúpulas con agendas sectoriales y rancios arbitrajes clericales. Se impone nuevos métodos consultivos de base popular y compromisos institucionales que sean incorporados a los planes del gobierno y al presupuesto público. El país espera más que los clásicos anuncios de austeridad del gobierno y la critica de la oposición a la sinceridad de tales compromisos. Esa novela ya nos cansa; por favor evítenla.
El país debe trascender a esos modelos. Llegó el momento de innovaciones, de la emergencia de nuevos actores y de la propuesta de una agenda seria y socialmente inclusiva que se exprese en nuevas leyes y reformas a sectores sensitivos. Si queremos referentes sanos, basta considerar los resultados de los procesos de concertación de Chile o de El Salvador; las estadísticas están ahí.
No perdamos tiempo, iniciemos esta jornada. Lo que se nos avecina no está para cuentos ni poesías demagógicas. El país necesita saber qué vamos a hacer frente a una avalancha cada vez más incontenible de retos. El gobierno no puede quedar solo, la nación es de todos.
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