Todo el que hace un servicio público medianamente bien se despierta cada mañana con la ilusión de ser presidente. Esta sensación premonitoria le susurra también al que sube grados en la escala de la fama y el dinero.
Y existen razones sobradas para presumirlo: los que han llegado al poder han sido más famosos o acaudalados que inteligentes y, para quien tenga dudas al respeto, dele una ociosa mirada a la galería de síndicos de la capital primada de América.
A pesar de que la carrera a la presidencia se hace cada vez más cara que difícil, esta circunstancia simplifica el catálogo de condiciones para alcanzarla, porque bastará encontrar la gracia de un “mecenas” para acortar distancia entre sueño y realidad.
Un observador de los aburridos procesos políticos dominicanos advertirá, sin profundas reflexiones, que la presidencia, como aspiración, se ha desmitificado y que cualquiera, sin reparos o rubores, se siente acreedor de ella. En ese club, cada vez menos selecto, se confunden empresarios de la suerte -loto y banca-, merengueros, peloteros, ex militares y hasta megadivas. Sin embargo, a pesar de la democratización -o banalización- del sueño presidencial, existen premisas que no deben obviarse y que como recetario gratuito -violando así una regla fundamental de “alta política”- ponemos a disposición de todo narcisista al que le asalte esta ilusión tan pérfida como repentina:
1. Cuente con los partidos del sistema. No les crea a los teóricos que hablan de una crisis de partidos. Una cosa es el agotamiento ideológico y otra los partidos como empresas electoreras. Mientras haya dominicanos con “dignidad” que comprar (más de siete millones) habrá PRD, PLD, PRSC por mucho tiempo. De manera que fuera de ese oligopolio del rígido mercado electoral, usted estará condenado a la frustración. Suscriba ahora acciones en el PLD, S.A. (sociedad anónima de suscripción pública) o en el PRD, S.R.L. (sociedad de responsabilidad limitada); o compre la franquicia del PRSC, E.I.R.L. (empresa individual de responsabilidad limitada) aprovechando su valor devaluado por “escisión patrimonial”.
2. Haga fortuna, o en su defecto, conviértase en “comunicador”. La insolvencia es la negación a una carrera política exitosa. No repare medios; todos están legitimados: hágase rico, si es que ya no lo es a través de la política. En caso de que no cuente con esa condición, procure forma rápida de ingresar a los medios. Que no lo inhiba su falta de talento; hágase comunicador, que bajo ese concepto, cada vez más difuso, usted puede empezar una segura carrera hacia la fama.
3. Nunca confiese que quiere ser presidente. A veces un poco de suerte trae dividendos, pero no lo es todo. Hay que apostar a ella, pero también a jugar con la apariencia del que no quiere lo que desea. Siguiendo esta regla ya Leonel Fernández lleva fríamente tres periodos, sin darnos cuenta.
4. Espere el momento. Nunca los mejores momentos de fama o de poder son los indicados para una aspiración exitosa. No se desborde ni se precipite. La fama, la fortuna o el poder crean vértigos y alucinaciones o transmiten percepciones equivocadas de la realidad. Por la embriaguez de esas burbujas, hoy contamos con una Asociación de Banqueros en Retiro Forzoso (ABAREFO) en Najayo.
5. Hable de temas obvios y haga oposición al gobierno. El político es un teórico de lo obvio. Hable de temas cotidianos, como la corrupción, la pobreza, el alto costo de la vida y échele toda la culpa al gobierno. Entre más superficial y convencional sea su discurso político más inteligible será para el target de analfabetas funcionales que domina el mercado electoral. Total, el único lenguaje comprensible en ese mundo es el de los repartos.
6. Tenga amigos de sotana. Nunca subestime el poder eclesiástico. Esa casta, aunque desconectada de la base social, todavía conserva una fuerte gravitación política. Así que colabore con las ofrendas al “Señor” y nunca cuestione su protagonismo –o injerencia- en la esfera temporal, ya que en lo espiritual no hay muchas sensibilidades que afectar.
7. Cuente con los “gobiernos de la mañana, de la tarde y de la noche”. La prensa pasó a ser del cuarto al primer poder del Estado. Acusa, instruye, juzga, condena o absuelve. Las voz de Dios –vox Dei- se trasladó a los micrófonos y esa amistad hay que preservarla, no importa “el precio”.
Siga con celo estas reglas y le deseamos éxito. Si las cumplió y no llegó, no se culpe: más de un millón de dominicanos están seducidos con esta misma idea y los que llegan no la sueltan. Así que el problema es de la ciencia de las probabilidades.
Escriba al editor:;
|